Villa Igiea, un hotel de Palermo, se convierte en el escenario ideal para acoger la exposición de Bertozzi & Casoni, los dos maestros de la cerámica contemporánea. El título de la exposición, Ciò che vediamo non è ciò che è, ma ciò che siamo (Lo que vemos no es lo que es, sino lo que somos), encierra el núcleo de la reflexión que anima la muestra. Comisariada por Raffaele Quattrone, la exposición se abre al público el 16 de abril y permanecerá abierta hasta el 15 de junio de 2025. Es una oportunidad para sumergirse en las sorprendentes y poéticas creaciones de los artistas emilianos, que regresan a Sicilia para celebrar el Día Mundial del Arte, estableciendo un profundo diálogo con la historia y el entorno de Villa Igiea.
La exposición no se limita a mostrar obras. Su verdadera fuerza reside en su capacidad para provocar la reflexión sobre la percepción y la apariencia engañosa. Lo que vemos no es lo que es sugiere una visión del arte como herramienta para una investigación más profunda, donde lo visible es sólo una parte de una realidad mucho más compleja y polifacética. Las más de doce obras expuestas, repartidas por las zonas comunes de Villa Igiea, están diseñadas para estimular la introspección continua. Los estuches de violín, en particular, evocan una ausencia que no es vacío, sino más bien un pasaje, una dimensión que invita a mirar más allá de la superficie. El homenaje a Lucio Fontana, con los lienzos cortados, resuena como una invitación a percibir lo que no se ve, donde el corte es una apertura, una puerta a nuevas dimensiones. El arte de Bertozzi & Casoni se convierte así en una reflexión sobre la interioridad, una invitación a mirar más hondo, a explorar el misterio y lo desconocido que se esconden tras las apariencias.
“¿Qué queda de un sonido después de haberlo escuchado? ¿Qué queda de una imagen cuando cerramos los ojos? La realidad nunca es unívoca, no es sólo lo que aparece, sino también lo que permanece oculto, lo que nuestra mente, nuestro corazón y nuestra experiencia nos permiten ver”, afirma Raffaele Quattrone. “Las esculturas de Bertozzi & Casoni no son meras representaciones de la naturaleza: flores de cerámica que no florecen, estuches de violín que no contienen sonido, jarrones que ya no conservan el tiempo de la materia. Cada obra es un enigma que juega con nuestra percepción y nuestros sentidos, sugiriendo que lo que vemos es sólo un fragmento de la realidad, una ilusión, una sombra de algo más allá de lo visible. La visión no es sólo un acto físico: está entretejida de experiencias, emociones, recuerdos. Miramos el mundo a través de los ojos de nuestra historia, nuestros deseos, nuestros miedos. Las obras nos desafían a preguntarnos: ¿qué vemos realmente? ¿Qué es lo que se nos escapa? Una flor no es sólo una flor, un estuche de violín no es sólo un estuche. Son reflejos de algo que sólo existe en nuestra percepción. La percepción estética resuena y recorre Villa Igiea, que, como símbolo de hospitalidad y metáfora del viaje interior, se convierte en parte integrante de la exposición, donde la escultura de Bertozzi & Casoni invita al público a embarcarse en un viaje de descubrimiento entre lo que se ve y lo que no se ve. El hotel, con sus historias de viajeros de distintas épocas, es un espacio de elección y testigo de caminos que nunca terminan, sino que se entrecruzan continuamente, al igual que la percepción que las obras -símbolos de movimiento, búsqueda y cambio- generan en el espectador”.
En este contexto de investigación sensorial y filosófica, las obras cerámicas de los artistas emilianos no dejan de rendir homenaje a dos de los más grandes maestros de la historia del arte: Giorgio Morandi y Vincent van Gogh. Los jarrones que rinden homenaje a estos dos pintores encajan perfectamente en el discurso sobre la materia, el color y la percepción.
El jarrón dedicado a Morandi, con su silenciosa esencialidad, remite a la idea de una reflexión íntima y profunda, compuesta de formas simples pero cargadas de significado. Por otro lado, el jarrón que rinde homenaje a Van Gogh evoca la agitación emocional y la intensidad visual del pintor holandés, recordando su capacidad para sumergir al espectador en un universo de colores y pasiones viscerales.
La exposición de Bertozzi & Casoni se convierte en una obra de arte en sí misma, tanto por la calidad y profundidad de las obras presentadas como por el contexto en el que se enmarcan. Villa Igiea, que hunde sus raíces en la historia de la familia Florio, se convierte en el escenario ideal para acoger este encuentro entre tradición y modernidad, entre la cerámica contemporánea y la historia centenaria de Palermo. La villa se convierte en protagonista de una narración que entrelaza arte, historia y memoria.
El vernissage de la exposición, celebrado coincidiendo con el Día Mundial del Arte, contó con la presencia de los maestros del Teatro Massimo de Palermo, que acompañaron la inauguración con una actuación musical. La música, en perfecta sintonía con las obras de los artistas, exploró temas universales como la naturaleza cíclica de la vida y la alternancia entre presencia y ausencia, conceptos de los que también se hacen eco las esculturas y cerámicas expuestas. De hecho, la actuación musical amplificó el mensaje de la exposición, creando un encuentro sensorial entre las distintas formas artísticas: visual, sonora y, por último, emocional.
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Palermo, el arte de Bertozzi & Casoni expuesto en Villa Igiea |
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