Hay ensayos que se leen como novelas, porque tratan hechos, personajes y temas que despiertan interés y curiosidad incluso en un público lego. El mérito reside en el escritor, hábil para llevar al lector a descubrir a los protagonistas de tales historias, haciéndolos vivos y relevantes dentro del tema tratado. En La Contesa su Picasso (ed. La Tartaruga, 2024), Rachele Ferrario relata con pasión, sencillez de estilo y claridad narrativa las historias paralelas de Fernanda Wittgens (Milán, 1903 - 1957) y Palma Bucarelli (Roma, 1910 - 1998), que se retaron mutuamente en el montaje de la primera exposición que Italia dedicaría a Pablo Picasso: dos mujeres excepcionales que cambiaron la historia del arte italiano, reinventando la idea misma de museo y anticipando algunas tendencias actuales. La primera como directora de la Pinacoteca Nazionale di Brera, en Milán; la segunda, como directora de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna de Roma y como promotora incondicional de los artistas italianos tras la Segunda Guerra Mundial. Especialista del siglo XX, profesora de Fenomenología de las Artes en la Academia Brera de Milán (pero también comisaria de exposiciones, archivera y ensayista), Rachele Ferrario promueve actualmente en Italia este breve ensayo, que recuerda una página quizá poco conocida, pero sin duda apasionante, de nuestra historia cultural reciente. Una historia que culminó en 1953 con la doble exposición de Picasso, primero en Roma y luego en Milán.
FL. ¿Cómo surgió la idea del libro?
RF. La idea surgió durante la redacción de la biografía de Palma Bucarelli. La apasionante historia del desafío por la primacía de la exposición de Picasso, entre Roma y Milán, se me había escapado de las manos. Después de escribir sobre Palma y Margherita Sarfatti, faltaba una tercera figura femenina importante, la de Fernanda Wittgens, activa en la escena milanesa. En este libro, cuento la historia de dos mujeres muy distintas, que compiten por montar la primera exposición de Picasso en Italia; de fondo, muchos personajes secundarios y los acontecimientos históricos de dos grandes ciudades que, en los albores de la posguerra, renacían, se abrían a las novedades artísticas (y de otro tipo) y competían por la supremacía cultural en Italia.
¿Cuál es la diferencia sustancial, y más evidente, entre las personalidades de Fernanda Wittgens y Palma Bucarelli?
Ambas heredaron la lección de Margherita Sarfatti, la primera verdadera crítica de arte de Europa. Durante un tiempo, al menos hasta 1945, sus vidas parecen correr paralelas: son antifascistas declaradas; están acostumbradas a tratar con el poder y los políticos; ambas hacen todo lo posible y arriesgan sus vidas para salvar obras maestras del arte de la destrucción de la guerra. Sin embargo, en cuanto termina el conflicto, todo cambia. Durante los doce años siguientes, Wittgens y Bucarelli se marcan de cerca: se admiran mutuamente, pero experimentan una especie de antagonismo, empeñados en hacer grandes los museos que refundan y dirigen: la Pinacoteca de Brera, en Milán, y la Galería Nacional de Arte Moderno, en Roma. Wittgens tiene una visión antimodernista: es una purista del arte. Bucarelli, en cambio, es moderna o, mejor dicho, modernista y mira sobre todo a lo contemporáneo. La lucha por la exposición de Picasso es el punto de encuentro-choque entre estas diferencias sustanciales. El desafío entre Fernanda y Palma se sitúa también en el plano de la comunicación: ambas aparecen en las revistas de la época y explotan el lenguaje de la prensa popular para mostrar a las mujeres que es posible tener un papel social, e incluso político, fuera del hogar.
1953 fue el año de Picasso en Italia. Su presencia (no personal, sino de sus obras) marca un momento fundamental en el crecimiento artístico de la renacida Italia. ¿En qué se diferencian las exposiciones de Roma y Milán, desde un punto de vista crítico y de diseño expositivo?
1953 es el año simbólico del renacimiento cultural de Italia. En Roma, Bucarelli organizó la primera gran exposición crítica en Italia dedicada a la obra de Pablo Picasso, centrándose en particular en el último periodo de la producción del artista. Sin embargo, la exposición romana se ve penalizada por las inminentes elecciones políticas. El cuadro Masacre en Corea llega a la capital, pero una carta dirigida a Palma Bucarelli por el subsecretario democristiano, Giulio Andreotti, impide su exposición. Wittgens, en el Palazzo Reale, en cambio, consigue en septiembre una exposición con obras también del primer Picasso y, sobre todo, presentar in extremis, y casi al cierre, el gran lienzo de Guernica, símbolo de la tragedia de la guerra, que se exhibe en la bombardeada sala de las Cariátides. Si en Roma la política jugó en contra de Bucarelli, en Milán la misma política (con la victoria de la DC en las entonces recientes elecciones) favoreció las opciones de Wittgens y de la propia Milán, ciudad símbolo de la Resistencia.
Hoy en día, ¿sigue siendo el tratamiento de la cultura un acto político y social tal y como lo entendían Fernanda Wittengs y Palma Bucarelli? ¿En qué consiste su modernidad?
Hace algún tiempo, en las redes sociales, Marina Abramovic citó a Matisse que, durante la guerra, sólo pintaba flores. Tampoco Picasso, después de todo, durante las dos guerras, fue al frente o luchó en persona, aunque de hecho era un artista “político”. Todo arte, como tal, actúa sobre la ética del hombre y no puede sino tener un papel político, en el alto sentido de la responsabilidad cívica. Para Wittgens y Bucarelli, era evidente que el comportamiento personal se reflejaba en la acción política, el compromiso y la ética social: representaba su visión del mundo. Para ambos, el sentido cívico de la protección del patrimonio artístico coincidía con la defensa de la dignidad y la memoria humanas. Un antiguo concepto de la más alta civilización.
¿Cuál es hoy el papel de un museo o de una colección de arte, pública o privada?
Hoy en día, los museos pueden convertirse cada vez más en lugares de reflexión y agregación social, así como en custodios de la cultura histórica y la memoria artística. Tienen un extraordinario potencial comunicativo y pueden convertirse en escaparates narrativos, es decir, en lugares donde se cuenten historias y se transmita la posibilidad de una nueva utopía, dentro de la gran caja distópica en la que se está encerrando el hombre tecnológico.
2 de abril - Venecia, Bienal de Venecia, Ca’ Giustinian
8 de mayo - Casale Monferrato, Accademia Filarmonica
10 de mayo - Verona, Museo degli Affreschi
15-19 de mayo - Turín, Feria del Libro (fecha por determinar)
28 de mayo - Lecce, Fundación Biscozzi
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